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Asociación Juvenil contra un Gobierno Aprista
  Inicio | Fotos | Videos | Enlaces  |  Contra la participación electoral del Sr. Alan García, causante del peor gobierno que haya vivido el Perú.

El Debate: Alan García frente a su conciencia

Alan Nunca Más

 

Sábado 19 de mayo, el debate había quedado atrás, Alan García también. Momentos después, el espigado ex presidente hacía su ingreso a la suite. Ahí lo esperaban sus invitados, su séquito personal, liderados por el inefable Jorge del Castillo. El ambiente parecía festivo, pero en su fuero interno, García se sabía perdedor y, sobretodo, culpable.

Los abrazos y las felicitaciones seguían lloviéndole al candidato aprista. En contradicción con estas expresiones de alegría, hasta sus más entusiastas seguidores advertían que el debate no fue lo que habían previsto. Es decir, una victoria de la verborrea y la perorata sobre los tecnicismos de su oponente. Habían perdido, sin duda, la última oportunidad de arrebatarle la elección al candidato favorito.

DESPARPAJO ESCÉNICO

Sin embargo, el problema más grande que tuvo que enfrentar García fue él mismo, su propia conciencia. Cuando tuvo que hacer su primera intervención, adujo que el Perú necesitaba un gobierno con experiencia. Entonces, en su mente, recordó la desastrosa experiencia de su gobierno y tuvo que hacer grandes esfuerzos de desfachatez para continuar hablando. Acto seguido indicó que de llegar a la presidencia crearía trabajo, tal y como lo hizo en el pasado. En ese instante sintió un fogonazo que le recorrió la espina dorsal, y es que le ocurre siempre que se habla del "pasado".

Ahora el tema era 'Política económica y Trabajo'. "Hay que generar confianza", dijo el ex presidente, el mismo que años atrás prometió no estatizar la banca y después lo hizo. El mismo señor que cuando se le reclamaba su falta de palabra, respondía, con sorna, que en política no había que ser ingenuo. Frente aquel desdoblamiento moral, su conciencia lo golpeaba, le recordaba sus acciones, pero él se resistía, no, no, déjame, mira que he cambiado. Entonces su conciencia esbozó un sonrisa.

MANUAL DEL BUEN DEMAGOGO

Con el rostro quieto, sin siquiera pestañear y con la mirada fija en la cámara, García le prometió a millones de peruanos que en sólo 24 meses generaría un millón de puestos de trabajo. Lo hizo con soltura y sin trabarse, pero apenas terminó de hacerlo sintió que se oía a sí mismo, y no pudo dar crédito a sus propias palabras. Demagogo, eres un demagogo, pensaba, cómo puedo ofrecer algo semejante, seguía diciéndose mientras se agazapaba bajo su rostro teatral.

"Las medicinas van a bajar a menos de la mitad de su precio", anunció García. Otra vez el líder aprista enarboló el tema de las medicinas como su recurso principal al hablar sobre 'Política social'. ¿Qué pasó con la sombría realidad que vivió la salud pública en el régimen aprista? García sabe muy bien que en su gobierno ya intentó controlar los precios de los remedios y, luego, estos se volvieron impagables. El ex presidente quiere olvidarse del pasado, pero su conciencia se lo recuerda a cada instante.


SI QUIERE COMISIÓN, PERO NO DE LA VERDAD

El tema de los derechos humanos, política antidrogas y anticorrupción fue sin duda el que más sacudió a García. Cuando su oponente le pidió comprometerse a respetar las decisiones de la futura Comisión de la Verdad, el ex presidente no lo hizo y sólo se escudó arguyendo que él ya lo había hecho. En realidad, lo que él había suscrito era el visto bueno a la conformación de dicha comisión. Pero no dijo nada sobre acatar sus conclusiones. ¿Qué pasa si se llegan a resultados que no le gustan a García?

Hay un hecho que nos puede dar la perspectiva necesaria para entender esta negativa de un compromiso integral con la Comisión de la Verdad. En marzo del año 2000, el entonces secretario general del APRA, Agustín Mantilla recibió 30,000 dólares para la campaña electoral del partido. En la reunión, Mantilla comprometió al APRA a cerrar filas con el fujimontesinismo para detener cualquier intento de crear comisiones de la verdad. Esto debido a que las dos agrupaciones se verían directamente perjudicadas.

Con este antecedente, resulta lógica la actitud de García de no aceptar de forma incondicional las consecuencias de una Comisión de la Verdad. Pero esa negativa esconde una angustia: él sabe la verdad. Sabe qué pasó con los asesinados de Cayara, con los reclusos ajusticiados de El Frontón y, además, lo persiguen imágenes espectrales de los miles de desaparecidos durante su gestión. García recuerda haber formado un grupo paramilitar, y se pregunta: ¿hay alguna diferencia moral entre el grupo Colina y el comando Rodrigo Franco?

CONCERTANDO CONSIGO MISMO

La conciencia de García siguió oprimiéndolo. Sin embargo, el ex presidente no se amilanó y, continuando con su oratoria efectista, ofreció la construcción de universidades en las provincias, como una forma de iniciar el descentralismo. ¿Qué ocurrirá cuando dichas construcciones no se realicen? Nada, tal vez el señor García nos salga con otra frasecita célebre para apaciguar los ánimos. Una vez en el poder, García es peligrosamente impredecible. Y él lo sabe.

Para concluir su participación García dijo, por segunda vez, que el partido aprista lo había dejado en la libertad total de buscar gente capacitada dentro de la oposición. Siempre en busca, según él, de un gobierno de concertación. Quizá crea que no cuenta con gente capacitada para gobernar. Además, es difícil imaginarse a García pidiéndole permiso a Mercedes Cabanillas, Jorge Del Castillo o a Cesar Zumaeta, para hacer lo que siempre ha hecho: controlar el partido.

TRAZO FINAL

El teléfono de la habitación no deja de sonar. Del Castillo contesta, pide que no interrumpan la reunión. Las copas se llenan de champagne francés y el primero en brindar es Alan García. Eleva su rostro y, casi con voz de barítono, hace un brindis por el partido aprista. Todos lo secundan. Sin embargo, de pronto, el ex presidente se acongoja: es la conciencia. Siente temor de gobernar, de volver a destruir el país.

García se acerca a la ventana y deja atrás a sus invitados. Desde ahí observa el mar miraflorino. Le asombra la tranquilidad que este refleja. Mientras lo mira, recuerda el debate y siente que pudo estar mejor, pudo engañar mejor. Pero es complicado hacerlo cuando la conciencia molesta, cuando la verdad agobia. Entonces sólo le queda fingir y sacar a flote, por enésima vez, al buen actor que lleva adentro.